miércoles, 8 de abril de 2009

Siempre que tuve frio, me escondí en una hoja enorme (tan grande como el universo), que nunca nadie me pudo encontrar. Ese era mi refugio, era un regalo gigante de un árbol viejísimo, era una canción, y era parte de nuestro mundo y el de Juancho. Esa hoja, era mi vida, mi lugar, mi forma de decir q el mundo me interesaba menos que el sol, y eso q el sol era muchisimo x esos días. En aquellos tiempos, la lluvia salía desde el piso, como una regadera gigante de la nadie puede escapar, xq los techos no estan pensados para ser ultilizados a la inversa, sumado a q a nadie le importaba mojarse. Y no nos conociamos!! No, no, cada uno tenía su hoja, y nadie le quitaba las hojas a nadie, y nadie quería ver lo q sufría el otro. Nadie. Porque cada uno era feliz a su manera, y todos sabiamos q no era importante lo q hacía el otro. Y si en algún momento se nos cruzaba x la cabeza la idea de preocuprnos...
la desechabamos.

No hay comentarios: